Una Escuela Que Nos Enseña en la Naturaleza

En Estados Unidos existe una  escuela llamada Wild Roots Forest School, y está inspirada en un movimiento educativo que ha proliferado en Escandinavia y Gran Bretaña, y que en los últimos años ha estado ganando popularidad en Estados Unidos, Australia y Canadá. Las clases que se enseñan se llevan a cabo completamente al aire libre; y como bien lo describe su sitio web, nos dejan con la siguiente frase: “El cielo es nuestro techo, los árboles son nuestras paredes y nuestro piso es la Tierra viviente”.

 

Ellos combinan las ideas y prácticas que son planteadas por los filósofos educativos, ya que ellos se centran y se basan en el juego. Todo este aprendizaje se encuentra respaldado por un creciente cuerpo de investigación sobre los efectos que tiene la naturaleza en el bienestar de los niños. La idea básica es que la naturaleza es buena para los niños, por ende, los niños que están conectados con la naturaleza, realizan buenas acciones para el mundo  en el que vivimos.

 

Esto ciertamente ha sido demostrado en la experiencia de Lia. Ella nació en Letonia cuando la comida era escasa y pasó  los primeros seis años de su vida alimentándose en el bosque con su familia. Ella atribuye su gran amor a las plantas silvestres a sus experiencias vividas, y  nos relata lo siguiente: “Gran parte de lo que sucede en la primera infancia es la memoria previa, por lo tanto, esas experiencias se quedan grabadas en lo más profundo de nuestro cuerpo.  A pesar de que los niños sigan creciendo, ellos no pierden su relación con el mundo natural, incluso si se les quita”.

 

Dependiendo de sus habilidades, los niños usan peladores de verduras o cuchillos para cortar palos. Antes de usar herramientas afiladas, los niños crean algo que se le ha llamado “anillo de sangre”,  y esto se hace con la finalidad de utilizar las ramas caídas. Los otros niños saben que deben permanecer fuera del ring por su  propia seguridad.

 

El primer preescolar de  Grippo, fundado en 1996, tenía una instalación rodeada de paisajes salvajes. Sus alumnos y ella pasaban más tiempo fuera del edificio que dentro de él. También descubrió que los niños que tenían dificultades en el aula estaban afuera, y por todos lados había menos conflicto y más magia. Dos años más tarde, ella decidió mudarse al aire libre por completo.

 

Hoy, ese espíritu audaz infunde a Wild Roots. Los niños trepan a los árboles, aprenden a evitar el roble venenoso, se encuentran con animales muertos e incluso disfrutan de fogatas los días de lluvia. Grippo cree que los niños poseen una sabiduría inherente. No quieren lastimarse a sí mismos. Por lo tanto, y cada vez más, ella permite que los niños corran riesgos, que aprendan por si mismos de los pequeños golpes y arañazos que puedan llegar a ocurrir, porque esta enseñanza los ayuda a aprender a tomar decisiones informadas. Un ejemplo de ello sería que a los niños que son parte de su escuela evita decirles que “tengan cuidado”, ya que esta precaución, solo pone al sistema nervioso en alerta, sin dar alguna información sobre cómo mantenerse a salvo. En cambio, prefiere utilizar un lenguaje que les enseña a los niños  a cómo evaluar la situación: “¿La rama a la que estás a punto de escalar está viva o muerta?”

 

Alternativamente nos comenta lo siguiente: “He visto crecer un cambio cultural que exige a los padres a que tengan miedo, para que los niños no asuman los riesgos que todos tomábamos cuando éramos niños. Ahora el juego sin supervisión, nadar en estanques y todo tipo de cosas divertidas, se consideran demasiado peligrosas. “Nuestra escuela al estar afuera, la convierte en pública y, en distintas ocasiones, nos hemos enfrentado con las miradas y acciones de los adultos por el riesgo inminente de nuestros alumnos. La gente de la comunidad ve a un niño trepando a un árbol y se asusta. Es por esta razón que los maestros aprenden a formar relaciones agradables y tranquilas con la comunidad, para evitar malos entendidos y situaciones sin sentido.

 

Wild Roots cuenta con cuatro “aulas” que incluyen un arroyo, una granja, un afloramiento de arenisca y un gran árbol de roble rodeado de pastizales. La escuela se mueve mensualmente, dando tiempo a los niños para conocer cada lugar en cada temporada del año.

 

La buena noticia es que, a pesar de sus temores, los padres reconocen la necesidad de una educación al aire libre de calidad y están liderando el movimiento. Lia recibe correos electrónicos todos los días de padres interesados que desean saber si existe un Forest Schools cerca del área de donde viven, y como resultado de esto, más padres están realmente interesados en este tipo de escuela.

 

Los padres también se benefician de Forest Schools  como sus hijos. Ellos les enseñan a sus padres cómo identificar el roble venenoso y qué plantas pueden comer. Inevitablemente, nos cuenta Lia, mientras los padres ven a sus hijos prosperar en medio de rocas, pájaros y árboles, empiezan a retomar su conexión pérdida con la naturaleza, y en el camino, fortalecen su determinación de recuperar lo perdido.